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jueves, 21 de abril de 2011

Cómo identificar a las brujas

Cómo identificar a las brujas




La caza de brujas es un hecho que se remonta varios milenios atrás en la historia. Ya en el código de Hammurabi se encontraban pasajes en los que los magos eran probados con la ordalía del agua. Por supuesto, el antiguo testamento (agrupación de libros que prácticamente comparten cristianos y judíos) también prohíbe la brujería y la magia y llama a su persecución.
Pese a la antigüedad de la caza de brujas, la persecución como tal siempre se mantuvo como un hecho aislado durante el primer milenio de nuestra era. En la edad media, con el auge del cristianismo en Europa, se extendió la creencia en íncubos y súcubos que utilizaban a hombres y mujeres para mantener relaciones sexuales con ellos, trayendo así todos los males a la humanidad.

I: La quema de brujas de Badem (Johann Jakob Wick
La caza de brujas encontró un punto de inflexión en 1484, cuando el Papa Inocencio VIII publicó pocos meses después de su nombramiento la bula Summis Desiderantes Affectibus. En esta bula, Inocencio VIII muestra su miedo a la brujería y a las relaciones de los humanos con los ángeles caídos (también llamados demonios), y llama a la identificación, persecución y quema de todas las personas culpables de una asociación criminal con el mundo oculto, tal y como habría promulgado San Agustín más de mil años atrás.
Para ello, Inocencio VIII nombró a Henry Kramer y Jakob Sprenger como inquisidores encargados de la caza de brujas. Estos, dos años después de su nombramiento, escribieron el Malleaus Maleficarum, y lo publicaron un año después en la facultad de Teología de la Universidad de Colonia. Curiosamente el libro fue condenado por la universidad donde fue presentado, por ser antiético e ilegal. Aún así, Kramer y Sprenger la publicaron añadiendo una falsa nota de apoyo por parte de la Universidad de Colonia que ayudó a su rápida difusión. La obra se tradujo a varios idiomas, y se publicaron varias decenas de ediciones en toda Europa, consiguiendo que la caza de brujas alcanzara su punto álgido entre finales del siglo XVI y principios del siglo XVII.
A lo largo de los más de 300 años que duró la caza de brujas, los modos y técnicas para identificar a las brujas variaron notablemente, pero tras la publicación del Malleaus Maleficarum todo se redujo a un: “Si a una mujer la acusa de brujería, es que es bruja”. Además, la tortura era un método válido para demostrar la validez de la acusación, y el acusado no tenía el derecho de defenderse de tal acusación. Esto, unido a los grandes beneficios que obtenían los inquisidores por cada bruja condenada y que los gastos de juicio y ejecución recaían sobre el acusado o su familia, provocaron que fuera algo común en la Europa de la época moderna.
La caza y quema de brujas se convirtieron en asesinatos institucionalizados en los que la Iglesia y el Estado se repartían las propiedades de la bruja una vez ejecutada. Además, durante la tortura, se solía exigir a la bruja que condenase a otras mujeres, consiguiendo así un círculo vicioso de enriquecimiento, que además ayudaban a sustentar la idea de que “Si hay tantas confesiones, no puede ser fantasía”.

II: Ilustración de los juicios de Salem
Pese a que el hecho relacionado con la caza de brujas que ha pasado a la historia y forme parte de la cultura popular sea el de los juicios de Salem, merece la pena recordar que en aquellos injustos juicios fueron acusadas 150 personas, de las que seis murieron en prisión y, a diferencia de lo que sucedía en aquella época en Europa, sólo 26 de los acusados fueron juzgados y ejecutados, siendo el resto liberados tras la acusación.
Un caso muy distinto fue el caso acontecido en los alrededores de la ciudad alemana de Wurzburgo a comienzos del siglo XVII. Allí se llevaron a cabo varias acusaciones y juicios en la que se llegaron a ejecutar a más de 900 personas, destacando el juicio de brujería del propio Wurzburgo que se llevó a cabo entre los años 1626 y 1631. En sólo cinco años un total de 157 personas murieron en la hoguera acusadas de brujería, suponiendo la mayor masacre de la historia en tiempos de paz.

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